lunes, 6 de julio de 2015

Ojos cerrados

Salimos demasiado tarde del lugar donde el tiempo se paraba.
Las aceras ya enfrentadas, ardían a los lados de la calle.

Te guiaba entre las ruinas con torpe talento.
En ocasiones, para copiar tu paso firme, cerraba los ojos.

Entretanto, el miedo anidaba en las fosas nasales.
Pronto las sirenas retumbaban en nuestros oídos.

Buscaste mi boca con los dedos, tensando las comisuras.
Contuve las lágrimas mientras las manos te temblaban.

No pudimos llegar a la esquina.
El fuego era cruzado.
El humo lo invadía todo.
Yo tampoco podía ver nada.
No había retorno.

La desesperación no venció a la supervivencia.
Nos hicimos los muertos y nosotros también nos lo creímos.

Sólo horas más tarde pude sentir tu peso.
No quería moverme y la culpabilidad me impedía respirar.

Comprendí que ver más allá era verte por dentro.
Para entonces tu sangre empapaba mi pecho.

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