lunes, 6 de julio de 2015

Ojos cerrados

Salimos demasiado tarde del lugar donde el tiempo se paraba.
Las aceras ya enfrentadas, ardían a los lados de la calle.

Te guiaba entre las ruinas con torpe talento.
En ocasiones, para copiar tu paso firme, cerraba los ojos.

Entretanto, el miedo anidaba en las fosas nasales.
Pronto las sirenas retumbaban en nuestros oídos.

Buscaste mi boca con los dedos, tensando las comisuras.
Contuve las lágrimas mientras las manos te temblaban.

No pudimos llegar a la esquina.
El fuego era cruzado.
El humo lo invadía todo.
Yo tampoco podía ver nada.
No había retorno.

La desesperación no venció a la supervivencia.
Nos hicimos los muertos y nosotros también nos lo creímos.

Sólo horas más tarde pude sentir tu peso.
No quería moverme y la culpabilidad me impedía respirar.

Comprendí que ver más allá era verte por dentro.
Para entonces tu sangre empapaba mi pecho.

domingo, 5 de julio de 2015

Nuestra condena

Un tornado de nubes envuelve la luna.
Los diarios anuncian otra ola de calor.
Pero las calles huelen a tormenta.

Será el reuma de los veintitantos.
Los cambios de humor.
El fluir lunar de las mareas.

La vejez otorga poderes meteorológicos.
Ecologismo de (super)mercado.
Ancianas modernas usando paraguas.

Nuevos dioses invocarán a los antiguos.
Agua, piel, fuego, cobijo.
El trabajo amansa a las fieras.

Queda un día menos para el canibalismo,
el apocalipsis zombie
y el poliamor.

sábado, 4 de julio de 2015

samudra manthana


Los miedos reptaban por el suelo. Unos muelles más arriba siempre era primavera.
Nos retorcíamos sin preguntar qué tensaba
los extremos.

El siempre era para dioses y demonios. En el batir de tu pecho enraizaron mis pestañas.
Pero los árboles más robustos también arden
en el incendio.

Leí con los dedos las marcas del fuego. Nuestras manos desnudas se llenaron de cenizas.
Me quemé los labios limando tu clavícula
para conciliar el sueño.

Por la mañana la almohada aún humeaba. Aprendimos que era ese el olor del desayuno.
La persiana dibujaba partituras inacabadas
que nosotros tocábamos.

Una vez más nos amamos con urgencia. Las cervezas sin espuma temblaron sobre la mesa.
Derramaron su contenido sobre monstruos
y pesadillas.

No nos soltamos en el camino hacia el infierno. Juntos caímos más deprisa.
Habíamos olvidado que en el reverso de todos los elixires
está el veneno.


viernes, 17 de octubre de 2014

Podría escribir palabras desnudas
y podría desnudarme con palabras.

Apurar las colillas que dejaste en el cenicero. Rodear mis rodillas para sentir tu abrazo. Ponerme ese jersey enorme que olvidaste al huir de mi casa. Escuchar tu voz en una pista de audio. Buscar en mi pelo el olor de tu almohada. Poner la mesa para dos. Usar la sonrisa que te tenía reservada. Combinar mi ropa interior y deshacer la cama. Dejar una mano fuera de los bolsillos. Coleccionar cupones dos por uno. Murmurar un buenas noches. Poner tu nombre a todas las canciones. Escribir unas líneas.

Podrían matarme los recuerdos
si pudiera recordar que has muerto. 

martes, 7 de octubre de 2014

Olvido

Encierra la nada. Los suspiros. Las cartas que no enviaste. El olor de las mañanas. El vapor condensado en una tienda de campaña. La boca seca y el pulso acelerado. Los naufragios. Una lágrima luchando por no caer de las pestañas. Tus cortinas en días de viento. El efímero ruido de mis uñas en tu espalda. Las puertas abiertas. Las ventanas cerradas. Mis manías. Las balsas de aceite y las salas sin humo. Los semáforos que tantas veces me he saltado. Alguna noche en tu cama. Los holocaustos de hormigas en un paseo. Los desayunos de pie. Los pelos en la almohada. Tus luego te veo. Un te quiero que no dijimos. Aquel adiós.

sábado, 4 de octubre de 2014

Al borde del precipicio dejamos un pie en el aire. 
El otro en el suelo. Buscando un punto fijo tiemblan las rodillas. 
Cuál será tu estrella.

Otra mirada de reojo y perderemos el equilibrio. 
No es imposible. El deshielo va erosionando mi espalda.
Está rompiendo el día.

Si te suelto, me caigo.

Murmuramos, aullamos; el eco sustituye a las palabras.
Sigo aquí. Te aferras tan fuerte que no notas mis manos.
Nos estamos resbalando. 

No vuelvas a pedir que no mire hacia abajo.
¿Estás sonriendo? Ahora la oscuridad no nos devora.
El gris ya no se torna negro.

Se definen las colinas y el viento susurra "o si caemos..."
Empiezo a tiritar. No recuerdo haberte visto tan serio.
Estalla la mañana.

Si te suelto, te salvo.

El final de las canciones, el último verso del poema; la ley seca.
Perdóname. 
Juntos caeríamos más deprisa.

jueves, 21 de agosto de 2014

Eres un intermitente en el momento que se apaga. La percusión en el intervalo que no suena. El semáforo cambiando de color. Los jueves. El asfalto en los pasos de cebra. El hueco entre una palabra y otra. El interlineado de unos versos. El latido cuando calla. Todas las espiraciones. Los sueños que no se recuerdan. La gota formándose en el caño. El aire en unos dedos entrelazados. La somnolencia. Las pausas en el electroshock. El segundo antes de caer. Los parpadeos. La respiración en las carcajadas. Los amigos en común. El impulso entre pedaleos. Las mareas. El humo suspendido entre dos caladas. Unos dedos acariciando el cabello. Los entreactos. El vuelo al recoger las alas. Un pie en el aire entre dos pasos. La pausa de los gemidos. Todos los colores. Una bocanada entre dos tragos. El espacio en un abrazo. La luz colándose por la persiana. Los suspiros. La luna en el amanecer. El tiempo entre los encuentros. Un descanso en el camino. 

Eres vida. Incertidumbre. Vacío. Silencio.
Eres miedo.