viernes, 8 de enero de 2010

No era un día para salir ni para estar en casa.
Era un día para soñar con la noche venidera.
Para uno de esos sueños en los que vuelas, que yo nunca he tenido.
Libertad. Plenitud. Demasiado Freud para un día tan negro.
Tirando a grisáceo. Aceras color grana, donde los necios echan un cigarro sentados en el suelo.
En plan indio. Con o sin pluma.
No sé que tengo, ni que no tengo. Hambre, frío, sueño. Ganas de calentar la cama de un ángel con sexo. A eso se reduce todo. Lo que ves, lo que escuchas, de lo que hablas, por lo que ries, lo que esperas.
No puedo arrepentirme, maldito bastardo. Ni siquiera te quiero.
Por eso pienso emborracharme hasta perder el conocimiento. Nada de conocimiento, soy lerda.
Mediré mis palabras. Haz tú lo mismo. Te ayudo: gilipollas son diez letras.

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