domingo, 22 de febrero de 2009

Necesito algo rápido, como un flash o un flechazo.
Una inspiración simultánea a la explosión de serotonina voluntaria.

Partiendo de uno y no de cero. Sin objetivos y con la mente llena de banalidades.
Luchando por lo que hago y por quien lo hago; por y para mi misma.

Atendiendo a lo verdaderamente importante, eso que desdibuja la típica expresión de tristeza acumulada.
Ese saco de alegría tamizado con levadura para pasteles. Dulces. Momentos. Suspiros y risas. Con o sin compañía.

Proponiendo un cambio en el estado de ánimo condensado en el lugar donde se pierde la cabeza. Entre las costillas. Sin recovecos ni recuerdos.

Viviendo el momento. Sonriendo a la lluvia y al viento. Disfrutando de como el frío de enero entumece mi espalda. De como el pelo me roza la cara.
Del sol de invierno, aunque sea el más engañoso de todos.

Lanzando furtivas miradas a viandantes desCONCERTados acostumbrados a encontrarme contando los adoquines de la plaza. Sin miedos ni tapujos. Con o sin alma.

Como las ramas de los árboles rozando el techo del cielo.
Como las nubes que se cuelan tras las montañas.
Como los roedores voladores que destrozan mi fachada. Desnuda.

Extraña forma de reflejar la felicidad la mia.

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